Una yesca con la que se pretendía prender una hojarasca empezó a arder por sí misma. Si la tocabas, tu carne hablaba. Así se descubrió al dios de la garganta.
En este dios estaba la intención de poder regular la vida de los hombres, que hasta entonces sólo había tenido una falta de memoria. Para otorgarles esta quería hacerlos diferentes unos de otros.
Había tan pocas formas de ser diferentes en la piedra de ese dios. A la aldea, convocada ante la curiosidad, se le ofreció elegir entre el sexo y el negrido: entre poder procrear o vivir sumergido en un pensamiento que acumule, paso a paso, todos los terrenos de la tierra.
- A los que vivan en la parte de la colina les das uno y a los que vivan al lado del río les das el otro
- No se puede.
- Por lo menos hasta que nos pongamos de acuerdo.
No pasó ni un año. Hubo fiestas, matrimonios, rupturas, muertes y orgías colosales en el interio del río mientras que la cima había sido abandonada hasta por la vegetación. La reparación de las casas de ahí arriba se hizo imposible y sus habitantes se perdieron en el desierto donde cavaron un hoyo para que las cosas que no les molestasen.
Cuando alguien volvió a tocar a la piedra del dios de la garganta fue para pedir que, por favor, les quitase ese mal de encima, que estaba de celos hasta las narices.
Y los dioses, complacidos al ver que las súplicas y su atención iba a aumentar dejaron el sexo y, con él, a la muerte para que procrear fuese algo posible.
A los perdidos aún se les busca. Hay quien alega que son inmortales, otros que son semillas y, unos terceros, que también están muertos.

pasa por hablar.......buenos dias.otro.