Un par de pioneros en un llano. El carro se atora, no porque caiga en un bache de barro, sino porque el caballo está extraño y se duerme. Lleva tapamiedos demasiado grandes. El pionero baja y supone que es una rueda atascada. Pasa de largo sobre los ejes y se pone a empujar. El peso del convoy familiar y el caballo dormido son demasiado para él y suda. Casi forma un charco en su bache. El cielo está densamente nublado.
- Y parecía que no iba a llover.
- Seguro que ya pasó alguien por aquí...
- Este llano llevará nuestro nombre.
Mientras cogía las riendas pinchó con una aguja el lomo del animal.
- Vamos, sube.
Y siguieron sin dibujar camino.

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