Era parte de un proyecto secreto para ensanchar su casa y quizá la ciudad. Hacía grandes extensiones de paisaje con fotos. Hizo un espejo con un balde de agua, lo sacaba al pasillo, al balcón para que reflejase las antenas y tiró fotos sobre ellos como si de los grandes lagos se tratase.
Al día siguiente una vecina, intentando bajar la basura, vio algo desagradable en ellos. Nadie salió al descansillo, pese a todo creyó haber gritado y ver cómo asomaba algo de ellos.