En lo alto del laurel: H.
- Mírame, voy a hacer que llueva.
Cualquiera le dice ahora que hay una historia parecida de alguien poderoso (y más que poderoso, divino) que persigue a una muchacha y sólo consigue llorar. Y H hace un gesto raro, como debió aprender en la retrasmisión de unas olimpiadas, lo más cerca que estuvio de la gloria universal. Da un primer paso y la rama cruje. Al segundo los brazos han ido directos a las ramas de los lados. Mira a la mochila que espera en el suelo.
- Pronto se llega tarde.
El cielo, impoluto, nos trae el recuerdo de una campanada.

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