Despertó. Había olvidado bajar la persiana
durante la noche y desde el amanecer el sol le daba en los párpados quemándole
el sueño. No vio formas y, aunque los ruidos persistían, parecían venir de más
lejos, tener algo de uno. Se levantó de la cama y no fue al espejo, ahora miraba sin tener los ojos en blanco.
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