El aguador estaba distraído mientras guardaba la red en las manos. Por delante de él los niños pasaban, uno a uno, cantando una canción que no recuerdo. Cuando terminan, el aguador se retuerce como una serpiente y lanza la red enorme que oscurece la calle y suena como un árbol que decidiese levitar. La malla de la red es tan grande que los niños, paralizados por el espectáculo, se paran como bolos y pegan la barbilla al esternón y el tejido azul acaba en sus pies.
- Ahora que estáis atrapados es mejor que os reunáis y miréis qué podéis hacer al respecto.