En 1786, en Maringa, Paraná, aparece el primer movimiento revolucionario de la tierra de América Latina (labradores sin tierra, agricultores explotados). La revelión es sofocada a los días por su falta de organización con su líder a la cabeza, un monje. Aquí no se sabe cómo se llama hasta que en 1789 dirige otra segunda revuelta en Almeirin (Pará). Joan María vuelve a morir y los historiadores descubren que su orden no existe. Pero eso no lo detiene y reaparece en la tercera revolución, la más pequeña y desorganizada, esta vez, en el interior del país. Esta vez no muere y el monje reaparecerá en simultáneamente en Uruguay y Argentina (1808). Después el movimiento contagiará el resto de América Latina mientras Joan María es el confesor suplente de Bolívar y uno de los organizadores de la patria de Chile para San Martín. En varios países se ha buscado a su congregación hoy en día para aprovechar sus edificios para colegios políticos.
Al no encontrarse nada los sociólogos han empezado a estudiar el caso. Uno brasilero, más concretamente, uno con demasiada imaginación ha dicho que Joan María eran muchos y muy distintos y que todos pertenecían a un partido político que se vestía de una manera muy peculiar. Según este, ser monje no es más que una forma de apodarse.
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Sabes que lo que has escrito es muy interesante, pero me parece cuento, en lo que si estoy de acuerdo es que en esos tiempos poscolonizaciòn, comienan muchos procesos revolucionarios en america latina y america central, quiza un poco dèbiles y desoganizados antes de Bolibar y Martì, pero dan la pauta verdaderos movimientos de liberaciòn acompañados de grandes cambios de conciencia polìtica y social que concluyen hasta inicios de este siglo, especialmente en america del sur.
Gracias Abraham. Tienes razón. Es un cuento, ficción. Lo que pasa es que uno se acerca a pensar en los pequeños grupúsculos de resistencia que siempre existieron y se los imagina como un cura ubicuo.
Un abrazo.