H salía de la iglesia de Mues sin haber puesto una uña encima de la naranja, con la boca abierta y los dientes un poco extraños brillando al sol.
La viejita que cuida de la puerta y del sacristán le hace un gesto a J como si dos jóvenes en solitario sólo estuviesen en concubinato.
- No es una mujer perfecta. Nos estamos acompañando en el camino.
Y acto seguido la abuelita sale corriendo. H se había olvidado que existía un peldaño en la puerta.
No se hace daño.
« Laberinto (IV) | Inicio | Coolfucio »

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados