Miraba de lado, sonreía con el cigarro en la boca. El bar no era muy luminoso, pero ella era morena con mechas rubias y algo delgada, nerviosa, sobre los treinta. De tímida no tenía un pelo. Nos miramos un rato y tuve que bajar la mirada porque el tímido era yo. Ella se sintió segura e hice un gesto obsceno con la lengua y la barra. Se partió de risa y volteó la cara. No sé si era la oscuridad, pero juraría que le falta la otra mitad del rostro.