En Alwic'atán (más o menos) se decía que cada cacique nacía bajo la cabeza de un dios que nunca iba a conocer. Sin embargo había que hacer ofrendas para cuando uno se casaba o tenía un hijo. En el panteón, que hoy se supone que era como el de los griegos, existía un dios para cada acción moral, física y emocional. Algunos dioses eran intercambiables, pero, de los grandes, se sabía que no pertenecían al cacique, el mayor encargado de los sacrificios. Estos se realizaban en público y sólo podían ir dirigidos a un dios dicho en voz alta. Y así todos los sacrificios al mismo dios desde el principio porque si primero se ofrendaba a A veinte cabezas de puma y luego a B veinte cabezas de chivo, A sacaría su lado más suspicaz, sin matemáticas posible, y eso si no tenemos en cuenta a Z, que es el verdadero dios que le tocó a la cabeza del cacique y que ha estado mosqueado desde lo de los pumas. Claro que había chamanes especialistas en invalidar sacrificios, pero la gente de Alwic'atán no los tomaba muy encuenta hasta que, en 1516, llegó Rodrigo de Torrox, cambió a los súbditos del cacique por botellas de vidrio que iba a reciclar, llamó al territorio "El mosquito" en honor a los santísimos reyes y reinas de España e impuso el cristianismo, que los nativos acogieron con relativo buen gusto.