J estaba empeñado en que no se parecía a nada en este mundo. Y tenía razón.

- No existen dos cuarzos iguales, ni dos sillas ni dos flores lo suficientemente diferentes para que puedas decir que no son flores.

Y j, adicto, mira las cosas pasar como a un enemigo que no reconoce. Desde el borde las empaña. Si las tocase...