Hablaban a coro los tres-siameses-del-hombro. De frente eran como tres amigos agarrados para la foto de equipo 3x3. Hubiesen jugado bien porque se coordinaron para llorar al unísono. Cuando niños balbucearon lo mismo por tres bocas aunque apenas compartían un riñón, un fragmento de clavícula y parte de grasa subcutánea. Es instrascribible el sonido que montaban cuando, al pedir en un burguer, los tres niños gritaban lo mismo simultáneamente, como si quisieran anteponer su voz a la de su hermano.
Los escrúpulos quizá anticuados de sus padres, frustraron en los trillizos una prometedora carrera musical y nunca aprendieron idiomas. No iban a dejar de pedir las cosas de tres en tres...