Tenía kilos de ropa encima. Pero se quejaba del fular, que le tapaba la boca. En la cocina, de cuando en cuando y si no echaban nada por la tele, soñaba con inmolarse y salvar las prendas y luego decir que no, como una gata.
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No llego a ese "decir que no", se me escapa entre los escasos vericuetos de mi pensamiento. no asocio si bien sé que no es necesario, basta dejarse amarrar por las palabras y según la ocasión hasta darles una forma propia, reflejo de un algo que quizá antes era abstracción.
No quedo pensando porque no tengo tiempo, pero quedo frustrado.
Un saludo.