Qué mal le sienta la muerte a las rubias y ella, tan tumbada, tan desnuda, había tenido la última suerte de que le tapasen el tobillo. Fue una tira de cuero. Orfeo, antes de quemar el cuerpo,la ató al final de su lira, como una cuerda rota, quizá para que algo de la muerte viva colgara con él. La misma servía tanto en los momentos fáciles como difíciles y es posible que la mirase en sus últimos minutos, durante la entrevista a las mujeres del corazón donde aseguraba que no había bajado a los infiernos y que él ya sólo cantaba.
En el fondo la historias más bellas se las debemos a traidores.
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Sobre Mutas, muto, muta..
Sólo díganle que se ponga a un lado, más allá. El horizonte está bien, la mirada no descansa, pero se restituye, gracias por preguntar.
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