Ya atardecía y corría el Paseo de los tristes, mirando al cielo, no sea que nos fuesen a confundir. Preguntó y vio un vencejo que había vuelto, todavía más calle y creaba su propio trazado del Albaycín en el cielo. Con un paso casi me caigo a la zanja entre los puentes, pero mi sombra ya había cruzado al otro lado, por encima del agua, sin mojarse. Cómo me gusta esa parte de nosotros que siempre va un paso más lejos.
« Premonición | Inicio | Aquario »

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados