Cuando H. llega a lo alto de un pico y se olvida de la piedra en el zapato, la correa de la mochila que no ajusta, la pendiente que ha terminado y el sol de justicia y ve un collado seco, la mayor de las veces y ahora hay una piedra que levanta media rodilla más la cima, allá, abre los brazos. Son feas las plataformas de los picos y corre el viento que le seca a uno el esfuerzo. Tampoco parecen sitios para descansar. Pero es el valle lo que hace la cima y la sensación inimaginable que se extiende por debajo y desde arriba H. cree que puede abarcar los detalles en vida del vergel, ligera y los recorre más hábil que los pájaros.

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