A. prepara el desayuno con minuciosidad y sin imaginación. Café, un bollo o algo de respostería puesto el día anterior, como el pan que, si sobró, cae. También algo de mantequilla y todo ordenado en una bandeja que lleva hasta la mesa del comedor sucia de la noche de ayer. Una golondrina rasga el ventanal y sigue a lo suyo. A. cruza los pasos, lee el periódico y pregunta: el mundo escucha, aunque sea hacia afuera.