J había invitado a comer a 15 personas con 15 días de antelación. Quizá fue por ser tan previsor que les dio oportunidad a que sus amigos fueran diciendo que no podían asistir, que lo sentían mucho y no te preocupes, otra vez será. Al rato, llamaba otro, casi desconocido, pidiendo sitio.
- Así es como los amigos se convirtien en desconocidos.
En el último día A. tampoco puede asistir y viene H., que había cambiado tanto y, como el resto, se sentaba en la mesa, muy recta, pero no comía mucho.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados