Salía corriendo: del colegio, la escuela de escultura, la farmacia. Me como las circunstancias, miro las cosas como si sólo fuesen de los otros y la pertenencia parece una casualidad. No hay dirección, cuando comienzas a huir es como si lo hubieras hecho toda tu vida y la parte de atrás de la mochila acabe, con el tiempo, marcando el lugar donde vas a pararte. No aprendemos a sentarnos dos veces y no sé a dónde vamos tan deprisa, pero no es a casa.