J. y yo esperamos y, por frío, nos cogemos de la mano, sin hablar. Sentíamos llover y correr el viento. Debajo de la marquesina no siempre podíamos sentarnos, pero esperábamos, uno junto al otro, recorriendo en su inmensidad un hilo de plata -entre su mano y la mía-, el gesto hecho, da igual por quien, pero suficiente. La gente llega y mira a alguien que parece esperar entre J. y yo.
- ¿Cómo se llama?
Él se puso triste y quiero responder: parece simple. Contra las apariencias yo no estoy (ni nadie) detrás de la mano de J.
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En tu página hay un ligero descuido por las faltas de ortografía, en general del tecleo, cosa que viniendo de un filológo es muy divertido y hasta se agradece. El problema es que en algunos textos esto genera ambigüedad en el significado, y si bien eso participa de la reconstrucción que hago como lector, me molesta un poco, ya que es claramente no intencional por tu parte... ¿Qué hago? ¿Te pido que abandones ese fabuloso relax, o te pego en el culito con la vara?