Despierta para ser encenida como una hoguera. H. confiaba en que el fuego se encendía por la noche, que el cámping gas iba a durar y quemaba ramitas, pequeños poemas que escribía en las hojas o soplaba para que sólo estuviese encendido parte, jugando diez minutos antes de cocinar y un buen rato después de la cena. Si lo hubiese podido utilizar como lámpara lo habría metido dentro de la tienda. La noche en que el gas se agotó, quizá por cercanía a Calahorra, quizá porque sabían que sólo podrían comer en los bares de los pueblos o caminarían con menos peso, anduvieron, mucho más y más ligeros, cogiéndose de la mano.
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