Los centauros, pese a descansar sobre bestias, no daban indicios anormales de exaltación o peligro incivil antes de lo de Hipotamia. Asegura Ovidio que el día que se revelaron el vino no les afectó hasta la noche (no es que estuviesen en una cueva, como otros aseguran) y quizá aún entonces no fuese sólo el alcohol si no, también, la luna del cielo del vaso que bebían como chinos.
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