Dos famosos rabinos, uno por su seriedad y otro por su fe, disertan en la plaza del pueblo de Lvov. Uno es la reencarnación de un judío que se convirtió al Islam y ahora es católico. El otro rabí asegura no reencarnarse, aunque ambos prefieren dejar a un lado este tema y discutir delante del obispo sobre religión y costumbres.
Las disertaciones duraron la mañana, la tarde y la noche, pero la cosa se puso caliente desde el comienzo y acabaron (los de la fe y la reencarnación, que tiraban a pobres) afirmando que los serios y tradicionales bebían sangre de niños cristianos. Complacido y sonriendo por la noticia, el obispo zanja la discusión teológica multando al rabino perdedor y confirma otra leyenda urbana.

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