El cuerpo tendido y él, que había terminado su trabajo, volvía a casa, cerraba la puerta, acariciaba a las niñas que veían la última pasión de Cristo, tan discutida, mientras afuera, sin que alguien pudiese volver a casa, con la luz de dentro el verdugo impedía ver la calle.
« Blog II | Inicio | Satori's Castle »

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados