Hubo un pueblo que cogió una letra y descubrió que era de piedra. Otra, pese a la forma, también. Descubrieron que las paredes eran palabras y los pilares preposiciones. Que el mundo se levanta y puede cercarse de pequeños palacios, obras de metro y estadios deportivos. No se vive de ellas, se vive en ellas.
Dicho pueblo empezó a apilar letras y palabras y espacios. Levantó una torre, muy alta. Tal era la condensación de palabras que, cuando se cayeron, se crearon las lenguas que el mundo ignora.