Me despierto sudado y con la boca desencajada por un grito que aún tengo ganas de purgar de mí. Me tranquiliza girar la cabeza sobre la almohada y ver a mi madre. Sigue agonizando empapada por el calor y los esfuerzos por respirar. Abre la boca y la cierra a un palmo de distancia como si fuese un pez sacado del agua hace media hora.

Me doy media vuelta para dormir, le regalo lo que me sobra de sábana.