El estado de Goguryeo perseveró en los manuscritos de astronomía, matemáticas y unos mapas que se extendían en cascarones de tortuga. Cuando preguntaban al monarca por los tratados y los libros, sonreía.
-Aún no son útiles.
El rey lo sospechaba y resultó no ser inmortal y antes de comprobarlo se procuró una tumba a su gusto y no al de sus descendientes.
Era un templo. Las columnas respresentaban los aliados de su reino. El edificio y las paredes, la vida que pudo haber visto. Dos escribas que sentó frente a rollos interminables de papel, la vida que seguiría viviendo después de su muerte. Ellos la inventariarían, cada uno con una imaginación, los dos probables. Y supo que siguen escribiendo.