Cuando el asceta bajó de la montaña el pueblo al compelto (eso incluye a ciegos y boticarios) salió a recibirlo. Palmas, rosas y llanto. Puro folclore.
Lo subieron a una tarima que tenían preparada para él y esperaron.
-Sonríe como un bobo.
Habló, pero habló con una voz encarcelada. Además dijo algo de un pájaro cegador y la respiración de una piedra minúscula. Antes de volver, cada cual a su casita (faltaba más), consensuaron que se lo tenían olido de un harapiento como este.
Menos mal que ya queda un día menos para las fiestas de los santos patrones.