En la avenida los plátanos estaban podados en hileras y ninguno tenía más de cinco ramas, delgadas, puntialcielo. Cuando J. los miraba no podía sonreír.
-Son 54.
Y las vio, a las 27 personas enterradas hasta los codos, de pie, suplicando antes de la primavera para que vengan y los sacasen, ya gigantes, de la asfixia del cemento de la avenida. Una vez fuera, con otras palabras, quizá en un respiro, puedan decir qué oportunidad la de reverdecer entero el sol.