En el estudio de Uccello es el momento de los recaudadores. Pasan lista a las actitudes del cuadro. Cada uno paga por espacio, color y perspectiva, las mediciones del corazón pueden ser más claras, pero son exactos con la tradición: vivir cuesta.
Sin saberlo pinchan y reducen la cota, si no paga, bajará la cabeza a un segundo plano. Al camaleón, terrible por otra parte, le han hecho pagar varias veces y él no se ha movido hasta quedar convertido en Dragón. Paolo está orgulloso de su víctima: el paciente es el rey entre los ojos abiertos.
Categoría: Bestiario
Confía más en las retiradas del sentido que en las presencias de la crítica. Hay algo de falta de ruido que le acompaña, no se hace justicia para hablar y la lapidación es cosa frecuente y así es como si nadie resultase herido. Escribe en pliegos sueltos y quisiera que los pájaros aprendiesen a comer celulosa. Después de casi nada se resiste a usar el don de la grabadora. La posteridad no apunta.
La secta de los asímiles no distingue la vida del estudio. Son de las pocas ramas de una religión monoteísta que rotan, sin problemas, la creencia en distintos rigores divinos según parezcan las circunstancias. Ellos no quieren llegar a la similitud con Él, lo que les parece, por otra parte, lógicamente imposible. Su función, por lo tanto, es que el cielo y la tierra no se confundan (y ahí queda un rencor a Cristo, una desconfianza en Buddha y un atasco con el mar) y básicamente funcionan como un estorbo.
No son de los que se detienen en las entradas del transporte público, sino de los que permiten que las cosas continúen y los funcionarios se quejen en voz baja, el sol sólo se note los días de calor y que el silencio moleste, que pensar que las cosas cambien sea un contratiempo y la gente necesite comer con ruido.
En las cúpulas más altas de la secta lo que buscan sus dirigentes es sustituir, en una oposición limpia, a Satán. Para estos ya se permite creer en la necesidad y el intercambio.
La mujer de Sergio gustaba de tirar el pescado por la ventana una vez oliese mal. La caída a cuerpo libre del pez le hacía parecer que se movía, pero sólo al principio, hasta que cogía una trayectoria definida y ya nadie miraba qué iba a pasar contra el asfalto. La basura de la cocina tampoco era muy correcta.
-Sergio, se quejan que no sale la sangre de la fachada.
- Si viviésemos al borde del mar.
Y Sergio Arellano Stark se ríe.
- Va a quedar la casa como los chorros del oro.
Mascercadelruido desayunaba cereales ultrazucarados poniéndose los mofletes perdidos. No le importaba que ya no crujiesen. Hacía suficiente ruido al machacar mandíbula contra mandíbula.
Miraba de lado, sonreía con el cigarro en la boca. El bar no era muy luminoso, pero ella era morena con mechas rubias y algo delgada, nerviosa, sobre los treinta. De tímida no tenía un pelo. Nos miramos un rato y tuve que bajar la mirada porque el tímido era yo. Ella se sintió segura e hice un gesto obsceno con la lengua y la barra. Se partió de risa y volteó la cara. No sé si era la oscuridad, pero juraría que le falta la otra mitad del rostro.
La ciudamarilla, abotonada como una levita, mira al campo con superioridad, hermanos que discutieron para validar la familia. Habitas, pacotilla, cuando menos basta y los que piden por aburrimiento renuevan para otros. La pareja se da la mano y volver a ciudamarilla recicatriza la herida que no hubo, porque sí existe lo que no muestran las postales, y las manchas de ausencia, únicos compañeros de deseo.
Corre porque no ha abonado la tarifa del metro. No es una gamberrada es una falta de ocupación. Si se bajase de improviso más amenudo permitiría a Ciudadanomedio caminar hasta el trabajo. Las cosas empeoran cuando se cambia la sorpresa por un recibo de responsabilidad. Y se reajusta el verbo querer, el poder, lo estás haciendo mal. La lista puede ser interminable si suenan diferentes los accidentes del futuro que a uno le crecen cuando llega tarde, incluso a ellos.
Que no desfallezca Ciudadanomedio, aún le quedan oportunidades: no tiene muy claro de qué.
